Un Canalla en la NASA

Un Canalla en la NASA

Raúl Romero, quien coordina una de las secciones más importantes de la NASA es rosarino y Canalla

El ingeniero está trabajando en la misión «Mars 2020», que intentará corroborar si en el pasado hubo vida en Marte con el lanzamiento del robot «Perseverancia».

Sus padres decidieron de viajar a los Estados Unidos por cuestión de trabajo. Fue muy doloroso para él, dejaba a sus amigos, su barrio, y muchos recuerdos en nuestra ciudad. Sus estudios universitarios los hizo en California. Durante el segundo año, en el centro de NASA llamado Jet Propulsion Laboratory (JPL), necesitaban un estudiante para ayudar varias horas a la semana y allá fue. Al recibirse de Ingeniero, le ofrecieron ir a trabajar en esa disciplina, y ahí quedó con 36 años. En ese tiempo, usó la «picardía argentina» y se metió en todos lados para aprender lo que más pudiera.

«Tuve buenos maestros en mi camino, y aprendí muchísimo. Hace seis años atrás me nombraron Jefe de Ingeniería de los instrumentos científicos que se diseñan y fabrican en mi área. Mi día a día es de inspeccionar, guiar y asegurar que los diseños encarados por mis equipos sean de la calidad que NASA se merece. Justo que empezaba mi rutina, mi departamento ganó tres instrumentos científicos que el 30 de Julio estaban ubicados en el Rover que lanzó hacia Marte. Instrumentos científicos muy complicados para poder identificar componentes químicos en las piedras que nos puedan dar la clave si hubo agua miles de años atrás, y evaluar si en esas piedras muestran señales de vida. También llevamos un instrumento que fabricará oxígeno. El Rover recolectará muestras de piedras y polvo para que un día en el futuro, puedan ser recogidas por otro robot ya en los planes y las regrese a la Tierra para más análisis. Es una misión muy ambiciosa y con muchos desafíos», cuenta Romero sobre sus trabajos y responsabilidades en la misión «Mars 2020».

Al hablar de sus primeros años de vida, recuerda con mucho cariño su barrio, sus amigos y el club de sus amores: «Nací en Fisherton y siendo todavía bebé nos mudamos a Arroyito. Fui a la escuela Santiago del Estero, amaba esa escuela, era llegar en la mañana y sentirme en casa. La escuela, los maestros, los recreos, era un lugar muy especial. Eran lindos días cuando caminábamos solos y ni imaginábamos ninguna clase de peligro. Jugábamos al fútbol los fines de semanas en el Parque Alén, enfrente de la escuela. Era nuestro barrio y lo conocíamos bien. En los veranos con mis amigos íbamos al club apenas habría y nos pasábamos todo el día jugando. Recuerdo que cuando mi papá salía temprano del trabajo; él trabajaba en administración de puerto; y con mis tíos que también vivían en el barrio, íbamos juntos al club y hacían un asado. Después de almorzar, bajábamos todos a la playa del Caribe y jugábamos en la arena frente al río Paraná. ¡Que días fabulosos y memorables! No me perdía un partido. Recuerdo así y todo que aunque mi padre era de Newell’s (no todos son perfectos, que se le va ahacer jaja), me llevó desde chico a todos los partidos de Central. Recuerdo ir hacia donde estaban las banderas extendidas, y poder poner una mano en ellas era los mejor de la semana. El barrio, los chicos, los vecinos, todos éramos familia. ¡Hermosos recuerdos!»

Estar en un lugar de privilegio en la prestigiosa agencia espacial, sería un orgullo para cualquiera y Raúl no es la excepción: «Tengo una gran humildad y sentimientos mezclados. Nunca fui el que busca que lo entrevisten o estar en fotos. Acepté entrevistas, porque quiero demostrar a los chicos argentinos que un pibe de un barrio la luchó y llegó, que sí se puede. Sé de las dificultades hoy día con muchas cosas, pero el mensaje a la juventud tiene que ser de seguir sus sueños, trabajar duro y seguir adelante. Es un gran orgullo para mí en todas las entrevistas tanto en Argentina como en otros lados decirles de donde soy, rosarino y argentino y muy orgulloso de serlo. Central es mi casa, es donde pase mis mejores años, es caminar todos los días, verano o invierno. Es sentir escalofríos y sentir las lagrimas bajar lentamente».

Es difícil para un Canalla, estando a tantos miles de kilómetros, no extrañar a Central y menos cuando se trata de un fanático como él: «Estoy pegado al televisor los días que hay partidos por el torneo y siempre que pasan partidos de Central. Lo sigo en todos los medios posibles. Cuando voy a Rosario tengo que ver partidos de Central, y si no están jugando, no importa, corro hasta la cancha y después lentamente camino todo alrededor del Gigante. Eso hace que quede un poco dentro mi, esa cosa de que cuando vuelva, la sienta más cerca mio».

Cualquiera de nosotros que estuviera a cargo de una misión tan importante en la Nasa, tendría el impulso de mandar algo al espacio que tuviera que ver con Central, un escudo, una bandera o algo distintivo con los colores Auriazules: «Shhhh, miren abajo de la tapa que encierra los Rover Espiritu y Oportunidad. Tuve el privilegio de firmar las tapas con un Sharpie (marca de rotulador) antes que se cerraran los Rovers para ya mandarlos a su destino, mi Firma: «Raúl, Canalla por vida», cuenta orgulloso el ingeniero Romero.

Estados Unidos no es un país que aparezca en los radares de los más futboleros, Raúl, tiene a Central como forma de vida y muchos no lo entienden, es su deber como emisario de nuestra pasión, hacerles entender lo que es el sentimiento por estos colores: «Pocos entienden nuestro fútbol. Hay un amigo, compañero de trabajo que está casado con una argentina, él entiende. Con él hablamos siempre de fútbol. Durante los partidos de la selección, en la hora de almorzar vamos a una pizzería cerca y le pedimos que nos pongan los partidos. Muchos no entienden por qué en mi oficina, tengo tantos adornos de nuestro querido club. De vez en cuando nos visitan europeos, y al entrar a mi oficina sonríen. Ellos sí entienden y lo aplauden».-

Fuente: rosariocentral.com.ar.-

Néstor Facundo Rolón

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